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Extraído del Portal de PMETE
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La ciudad de Embu tiene sus orígenes en la antigua aldea de M'Boy, creada por los curas de la Compañía de Jesús en la primera mitad del siglo XVII. M'Boy, Boy, Bohi, Bohu, Emboi, Alboy, Embohu. Diversas grafías fueron registradas por Sérgio Buarque de Holanda para la palabra indígena que nombraba la extensa región donde surgió aldea. Dice la leyenda que el nombre M'Boy - culebra grande en tupí-guaraní - fue dado para homenajear un indio que salvaba de la muerte el cura Belchior de Pontes, figura fundamental en la historia de la aldea. Poco después, el indio murió picado y envuelto por una gran culebra. Según Leonardo Arroyo, el término M'Boy viene de Mbeîu, que significa cosa peñascosa, agrupación de montes, cosa en racimos o rizados.
El principio básico era fijar los indios alrededor de las iglesias y colegios, protegiéndolos de la esclavitud. A cambio, el gentío tenía que someterse a nueva disciplina que, muchas veces, entraba en conflicto directo con la cultura indígena. Además de adecuarse a la moral religiosa católica, que permitía una única boda, los indios se transformaban en agricultores sedentarios. Quizás por problemas de adaptación de los indígenas al nuevo modo de vida, al final del siglo XVII e inicio del XVIII, el cura Belchior de Pontes, entonces director de la aldea, resolvió cambiarla para otro lugar no muy distante. Según relata el cura Manuel Fonseca en el libro "A Vida do Venerável Padre Belchior de Pontes", la nueva aldea quedaba asentada en un plano cercado de riachuelos que producían peces menudos en tal cantidad, que podían ayudar mucho el sustento de los indios. En el nuevo lugar, el cura Belchior de Pontes irguió también, una nueva iglesia, mayor que la anterior, conservando la invocación de nuestra Señora de Rosario. A mediados del siglo XVIII, la aldea contaba con 261 indios y presentaba señales de prosperidad, destacándose entre las demás. Ya había sido construida la residencia de los jesuitas, con ayuda de los indios.
Además de la yuca, trigo y legumbres, se producía algodón, que era hilado y tejido allí mismo por las indias. Hay registros de exportaciones para Rio de Janeiro y Bahia en 1757.
De cualquier modo, era en esas tierras montañosas, que quedaba la hacienda de Fernão Dias Pais - tío del famoso bandeirante cazador de esmeraldas - y Catarina Camacho, su mujer. El 24 de enero de 1624, la pareja donó la propiedad a los jesuitas, incluyendo los muchos indios que se establecían en aldeas alrededor de la sede. Dos condiciones fueron impuestas por Catarina Camacho para tornar efectiva la donación: el culto al Santo Crucifijo y la fiesta de Nuestra Señora de Rosario, a quien la pequeña capilla de la hacienda era dedicada. La donación era muy conveniente a los jesuitas, que, atacados por indios en la aldea de Maniçoba, próxima de Piratininga (villa que dio origen a la ciudad de São Paulo), buscaban un lugar más seguro para proseguir con su misión de catequizar al gentío. La nueva aldea, además de estar más alejada del núcleo de Piratininga, quedaba en la confluencia de los caminos que llevaban al mar y a la región agreste, un punto estratégico. Una vez instalados, los curas iniciaron el trabajo de catequesis dentro de los moldes de otras aldeas jesuíticas.
Una otra peculiaridad de la aldea era la existencia de una banda de música, bastante respetada en la región, compuesta de indios guaraníes, que dedicaban dos horas de la mañana y dos de la tarde a los ensayos, la corporación musical participaba de misas y procesiones, presentándose en localidades próximas. En 1759, los jesuitas fueron expulsados de Brasil por orden del Marques de Pombal y la iglesia de Embu pasó para los cuidados del clero diocesano. La población indígena comenzó a dispersarse y, en 1873, restaban sólo 75 indios y mestizos habitando el lugar. Desde el inicio del siglo XIX, la aldea ya estaba en franca decadencia permaneciendo en la obscuridad hasta en los años 20 de este siglo, cuando Duarte Leopoldo e Silva determinó la primera recuperación de la iglesia.
En 1939 y 1940, el conjunto jesuítico - que comprende la Iglesia Nuestra Señora de Rosario y la residencia de los jesuitas - fue considerado Patrimonio Nacional y restaurado por SPHAN (actual IPHAN - Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional).
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Traducción de textos de: Mundial Traduções e Serviços Ltda